martes, 1 de febrero de 2011

Como si nada


Nunca aprendí a hacerme al gil, y no es que eso signifique que sea honesto: Es un defecto natural. De niño, era el único que no huía corriendo cuando el remate al ángulo rompía el vidrio de doña Jacinta.
Y tampoco hacía falta que me señalen todos con el dedo para que se enteren que era yo el que había pasado a todo el curso las respuestas del examen de mate.
Hacerme al gil me habría servido a los 13 cuando mi viejo me preguntó furioso qué hacía una cajetilla de puchos en la mochila y le contesté temblando que estaba aprendiendo a hablar sin botar el humo.
Y hacerme al gil era lo indicado después, cuando, en el micro y embelesado por unas desconocidas y redondas posaderas adolescentes, le di un sutil codazo a mi novia que iba a mi lado y le dije: mirá!
Hacerse al gil es un artículo de primera necesidad. Más cuando se vive de impulsos y en la frecuente equivocación.
Hacerse al gil es una ciencia exacta. Un arte mayor. La expresión máxima del ejercicio del disimulo y control de expresiones fisonómicas, lenguaje corporal, presiones arteriales y supuraciones sudoríparas.
Hacerse al gil es la manifestación rudimentaria del improvisador, de la mente ágil, y la respuesta veloz.
Está claro que hay que ser muy vivo para hacerse al gil. Y yo, que nunca me hago al gil, soy evidentemente el más gil de los vecinos de mi cuadra.
Nunca aprendí a hacerme al gil. Porque se supone que este texto que devela tantos secretos vergonzosos no tenía que leerlo. No aquí. No ahora, delante de tantos desconocidos.
¡Qué gil!

Gustavo Choque Caballero

sábado, 29 de enero de 2011

La Mujer Esperando


Hay una mujer esperando el micro, en la esquina de su casa, bajo la lluvia, con su gabardina marrón, el pelo pegado a la cara, el maquillaje corrido y la cartera oculta bajo la ropa.
Se acerca el bus, repleto de gente, se detiene salpicándole muy suavemente algo más de agua en los zapatos negros de medio taco.
Sube y todos la miran, por un segundo siente ser la única persona empapada de aquel vehículo; luego se percata de que así es.
El chofer extiende la mano. Es incómodo sacar la bolsa de su refugio: debe abrir la gabardina, está bajo la chompa de lana que le tejió mamá, apoyada en el costado derecho, bajo el brazo.
En segundos sucede todo, la bolsa se abre, sale el monedero, las dos monedas cambian de propietario y el micro reinicia su movimiento.
Hay un chico con el cabello parado, los ojos cerrados y los audífonos en las orejas, ella lo mira esperando que él abra sus ojos y le ofrezca el asiento. Sucede: él la ve y está a punto de levantarse pero ella lo detiene; sería una vergüenza mojar el asiento y dejarlo inutilizable, no es una buena idea.
El muchacho se queda en su lugar, algunos curiosos aun observan a la mujer mojada del micro, una niña cuchichea con su madre asientos atrás, el micro se detiene, todos se bambolean dentro de él, el semáforo cambia, otro empujoncito y de regreso al movimiento y así varias veces.
Suben otras tres personas en la parada siguiente, nadie baja, la lluvia no mengua, por el contrario, unas calles más adelante se escucha el golpetear de los granizos en el techo. La madre abraza a la hija que rato antes le cuchicheaba al oído, la mujer se da cuenta que el agua traspasó el abrigo hasta llegar a la chompa de lana que le regaló su madre, el muchacho de cabellos parados y audífonos en los oídos la distrae, hace ademanes que evidencian que bajará en la siguiente esquina. La mujer también debe bajarse ahí.
Ambos al mismo tiempo hacen parar al autobús, se miran por un instante y por un breve lapso de ese instante ambos parecieran retribuirse con una sonrisa, pero ninguno llega a sonreír. El instante termina, ella se abre paso entre la gente del pasillo, el bus no paró al borde de la acera, la mujer baja y resbala en el granizo que arrastra la pendiente, el muchacho tira un salto y evita a penas que la mujer caiga hasta el suelo, ambos tienen los zapatos empapados ahora, comparten otra mirada instantánea, les interrumpe un bocinazo, un motociclista empapado y deseoso de regresar a casa da con ellos, el muchacho de cabello parado salpica la ventana de la mujer que tenía a su hija abrazada temerosa del ruido del granizo, la moto termina a media cuadra adelante pese a la pendiente que arrastra el granizo calles abajo. El conductor apurado y empapado tiene ahora el rostro inmóvil contra la chompa que la madre de la mujer que esperaba el micro le tejió, el granizo ya no es blanco, la niña ya no cuchichea, el muchacho no escucha más sus audífonos y en la pequeña cartera que estaba bajo el brazo de la mujer mojada, el celular suena, tendrá una llamada perdida justo ahora que deja de ser mañana y es exactamente medio día.


El Tarrasco

jueves, 25 de noviembre de 2010

Casa vacía

La mesa está vacía,
la jarra seca,
las tazas olvidadas.

Sobre el panero, un duro pedazo de pan,
la cocina con telarañas,
ninguna gota que cuelgue del grifo.

Las sillas solo con polvo encima,
los platos inmóviles,
los cubiertos durmiendo en la oscuridad de las gavetas.

Pero tocas a la puerta
y cuando entras:
salta espantada la oscuridad,
se llenan los floreros,
se destapa el techo y alumbra el sol como un farol.
El comedor huele a guayaba,
a pan recién horneado,
a café destilado.

Pero hoy, dijiste que no vendrías.


Trozz

Algunas arrugas

Los primeros años de mi vida viví pensando que el increíble funcionamiento del cuerpo humano era prácticamente eterno, una mezcla de sincronía y regeneración, ¿cómo no verlo así?, si uno puede reponerse casi de cualquier caída y atreverse a caer nuevamente, se fractura huesos y trastabilla seguro de superar el dolor, recibe mordiscos de perros, loros, monos y ve como las heridas cicatrizan, además, quedan con una bonita mancha nada incómoda para un niño. Ve como a pesar de mordisquearse las uñas, éstas vuelven a crecer, como las lágrimas a pesar de llorar y llorar nunca se terminan y cómo un día se detienen no sólo de los ojos sino del alma, siempre frente a problemas de autocompasión: como caerse de la bicicleta. Hasta esos días viví pensando que el misterioso funcionamiento de la máquina humana era perfecto, con todos sus cables conectados a perfección, dispuestos a aceptar resfríos y curarlos días después, dispuesto a intervenciones quirúrgicas ridículas, como extracciones sebáceas o lobotomías cerebrales, dispuesto a los moretones en las canillas, sobretodo, un cuerpo humano dispuesto a la recaída, sin miedo.
Veo ahora a un montón de músculos desnutridos, membranas con nudos entrelazados, o casi sueltas en un envoltorio de colores morados, palpo una textura con la rugosidad de una lengua seca, un corazón de pollo espantado de viajar a su centro. Enfilados los fluidos corporales y seco pergamino de enjambre, siempre con pesadillas de anticuchos, se ha tragado toda la circulación posible y se llena de convulsiones tapiado en un cuarto lejano. Un corazón que escribía, ahora está atravesado por su misma punta bola, ni sangra ni se deja morir. A mis 26, ahora tiene 90 años.
Agata

Luna llena

Cada noche que la luna sale llena, los manicomios embullan, las hembras paren, las mareas suben y los amantes copulan. Algunos animales le aúllan frenéticos, mientras plantas absorben minerales de la tierra con insaciable arresto al dominio de su luz.
Cada noche que la luna sale llena, los telescopios se enfilan, las luciérnagas compiten en incansables maratones luminosas y las ballenas cantan ebrias de plancton en la profundidad de los océanos.
Cada noche que la luna sale llena, “tiritan los astros a lo lejos”, vuelven las oscuras golondrinas, llora Garrick y el pirata canta su canción con Espronceda.
Cuando la noche es de luna llena, las autopistas son espejos, las sombras títeres a nuestro comando. La sangre es negro luminoso, negro centellante, casi purpúreo entramado, color de luto con aroma a pan recién horneado.
Cada noche que la luna sale llena, los licántropos juegan cartas, las putas están en celo, se calla la doctrina y el dogmatismo, los ciegos reconocen la forma de las gotas en su sonido y el papa baja la cabeza avergonzado.
Pese a las nubes, cuando la luna sale llena por las noches, comanda desde ahí a los tornados, presta su energía a los relámpagos, diagrama vectores a los rayos y llora a veces en su histrionismo opacado.
Cada noche que la luna sale llena, hace correr su cronómetro esperando el momento de regresar así: repleta y fulgurante. Los bosques le rechinan su madera, las hormigas por fin descansan un minuto para contemplarla antes de la faena y los cocodrilos dejan por fin de llorar.
Cada noche que la luna sale llena, sabe el sabio que no es para siempre, pero la luna nunca lo escucha, se engolosina en la letra del poeta en el cantar del juglar errante y luego desespera y comprende que no siempre puede brillar así. Y es entonces cuando la luna mengua… y cada noche que la luna mengua, alguien comienza a esperar a que salga otra vez llena.
El Tarrasco

martes, 21 de octubre de 2008

Antología de Cuentos

Miércoles de Ceniza

Nº de Páginas: 101
USFX Publicaciones
Sucre - Bolivia

Puntos de venta en Sucre

Librería Pompeya: C./ España entre Calvo y Sn. Alberto y Calle Calvo Nº 34

Librería Juan Pablo II: C./ Aniceto Arce Nº 100

Librería Bazar Marina: C./ Junín Nº 534

Ventas al interior, contáctenos: gas_pacho@hotmail.com

sábado, 20 de octubre de 2007

El viejo

A las cinco y media de la mañana el viejo se levanta, se pone un abrigo muy gastado y sale del pequeño cuarto oscuro.
El patio en penumbras apenas permite distinguir los muros blancos y algunas piedras del piso. El viejo respira profundo del aire frío que lo envuelve, levanta el cuello de su abrigo y camina hasta la torre. Con los pies entumecidos va remontando las escaleras de piedra desgastada. Arriba, con dificultad atraviesa los grandes mecanismos alcanzando la manivela. Se frota las manos y con energía procede a darle cuerda al reloj.
Seis menos cuarto, el pueblo despierta y se pone en movimiento. El viejo regresa a su morada y cierra la puerta.

Todos los días se repite la misma rutina, el viejo que se levanta, se abriga, sube las gradas y le da cuerda al reloj, el único del pueblo, el instrumento de conexión de los habitantes con el tiempo.

La gente nunca se preocupó por el tiempo, siempre estuvo ahí, como atrapado dentro de los engranajes y números del reloj. Sólo miraban la torre y eso era suficiente para saber qué era lo que tenían que hacer, y a que hora debían hacerlo.
Nadie conocía al viejo, nunca había sido visto en las calles, en realidad todos en el pueblo ignoraban su existencia. Sin embargo, él estaba ahí, debajo de la torre y del reloj.
Las estaciones pasaban, los niños crecían, los ancianos morían. El pueblo, el reloj y el viejo, transcurrían en una relación íntima y necesaria.

Las hojas dejaron de caer y los árboles esqueléticos de la plaza parecían estatuas, eran las seis de la mañana y la puerta permanecía cerrada. A las ocho, el sol estaba arriba, pero el viejo no salía. Al medio día sopló un fuerte viento que llenó de polvo los manteles blancos de las mesas. A las tres de la tarde, el reloj se detuvo, el viejo había muerto.
Unos se paralizaron con la tasa de café en la boca, otros se quedaron mudos en medio de una conversación, los demás no despertaron de la siesta.

El pueblo perdió al tiempo y se quedó detenido en ese invierno que seguramente nunca terminaría.
Aladino

De lugares y negocios

Hay un lugar, hay objetos, donde los sueños, los pensamientos y los recuerdos se amontonan y se guardan; puede ser en un cofre, un baúl, una caja de cartón, un sobre Manila, una envoltura de chicle, un estuche geométrico, un cargador de ametralladora, un estuche de guitarra.

Todo depende del tamaño, de la comodidad y el uso que queramos darle y donde tengamos pensado llevarlos, todo depende donde queremos guardarlo, todo depende de la cantidad, del valor que le tenemos a lo que queremos guardar, todo depende que tan peligrosa y radiactiva sea lo que queremos seguir atesorando.

Hay algunos que le ponen mil candados, hay otros que apenas costuran un broche y zas!! ya está cerrado; hay otros que compran Dobermanes furiosos de dos cabezas y de mal carácter, babeando lavaza de sus hocicos y disparando fuego por los ojos , hay otros que cada un tiempo lo abren y dejan ventilar (por el olor a muerto me dijeron), hay otros que se lanzan al mar, con su baúl como barco y su conciencia como vela, por lo general ellos no vuelven; hay otros que lo guardan y llevan en el fondo de cada botella de alcohol que destapan, de cada frasco de tinner que inhalan, o en el temblor de cada madrugada que soportan.

Hay otros que lo llevan sujeto al nudo de la corbata, o revuelto en las hojas dentro de su portafolio; otros los llevan mezclados con los stickers de su micro, de su trufi, de su taxi o de sus carrito de pastillas. Otros los tienen entre rejas al igual que ellos, o dentro de cada tranquilizante que los obligan a tragar.
De otros se les escapó en los ojos, o en las manos, o en las piernas que perdieron, o en los hijos o los padres o los amores que se fueron.

Hay un lugar, hay objetos, donde los sueños, los pensamientos y los recuerdos se amontonan y se guardan… yo simplemente lo vendí.
Trozz

El papel de galán

Es hora de levantarse, no importa la hora, hoy es mi día de suerte, es un buen momento para sacarme a pasear.
Pero en Sucre ha empezado un frente frío… pero nos vamos por la acera del frente, pero es lo de menos, salgamos rápido, dejemos al recuerdo atrás y busquemos imágenes nuevas, dejemos que los objetos nos muestren el camino o un buen par de muslos que nos lleven al paraíso. Por eso existe la frase dos tetas jalan más que dos caballos, vamos abrazados a ellas que nos enseñen el destino.
Es mejor que me ponga una bufanda no vaya a ser que esté con mi vela colgando cuando quiera arrebatar un beso a mi amada, además la chompa con cuello tortuga esta desbocada y si bien ataja un poco el frío lo deja pasar lentamente por su naturaleza, pero estoy tardando mucho sería bueno que empiece a cantar alguna piecita, para no perder las pilas… no, ni ahí, esta noche no. Esta noche no necesito, esta noche es diferente, no creo que sea necesario ni siquiera que saque las llaves de mi casa, eso sería una falta de optimismo. Vamos, esta noche me espera el destino y mañana el desayuno es para dos. Un buen café, unas tostadas con dulce de leche, un poco de quesito, intercalado de unos besos tiernos bien dosificados, la frescura de la mañana…paciencia, por el momento, hay que ponernos pitucos, lo único que me tiene que importar, es que esta noche no duermo sólo, hay que usar los zapatos sin talón para hacer mas fácil la situación a la hora de la hora, pero si ponen alguna salsa, o merengue, o música axe estos zapatos incomodan mucho y los talones de las medias quedan sucias y si la batalla es dura las medias acaban con una ventana que en la mañana el sol las pone en evidencia y nunca existe una buena explicación. Ya bueno, bueno, pero estamos divagando mucho, ya, entonces, el pantalón despintado, los zapatos sin talón pero con unas buenas medias negras, listo, siempre me olvido de buscar esas camisas que usan broches y no botones, hoy necesito arrancarme la ropa, en días como estos en que la energía me sonríe tengo que estar preparado no vaya a ser que me encuentre con mi destino y lo único que pueda hacer es quedarme a disfrutar algún rastro de perfume… si ya me la imagino, toda radiante, envuelta por las mil y un miradas, y yo al frente con la red lista y el garrote en la mano y ella con su andar hipnotizante que desorbita la mirada, hacia la izquierda y a la derecha, otra vez a la izquierda, otra vez a la derecha, pero en un descuido en ese afán de coquetería va pisar mi red, y cuando la tenga atontada después del primer golpe le digo con serenidad y la voz engolada “te amo, te amo, no, no te rías en serio te amo”, hay que estar practicando “te amo, yo se que esto es repentino pero no puedo negar el mandato del corazón”. Si, está perfecto, no hay mujer que me pueda decir no, ahora una camisa suelta, la tanga adecuada para estas fechas importantes, me echo algo de perfume, pero tampoco todo el cuerpo, hay que tener siempre el cuidado de no poner en las partes que ella va a disfrutar con sus besos porque a veces el perfume si bien huele rico, no es siempre de buen sabor. Listo, una bufandita para el frío con la chamarra que combina con todo, y listo, ¡soy toda una monada!, ¡que papito estoy!, es hora de moverme, es hora de salir a cazar, es hora de echar a los perros y encontrar a una foxy lady. Vamos a ejercer el papel de galán…eso … el papel de galán…hay que ejercer el papel de galán …y cómo es el papel de galán?… el papel de galán…el papel de galán…el papel es lo que cuenta…el papel… la actitud… el papel…el galán… cómo es un galán?…un galán… actitud …papel… cómo es un papel?... blanco… es… liso… y galán?... cómo es un galán?... el peinado, el peinado… brillo… galán… liso…peinado liso… papel… blanco…peinado… el papel de galán: vamos por buen camino… el papel de galán… que más?... blanco… blanco?...cama…cama?...blanco… sábanas… …blanco? …Ariel, Ariel… Ariel es más blanco… y cuál es tu nombre… Don Edmundo… si, si , si… pero cuál es tu seudónimo?... Darío Ariel…Ariel, ves, ves… ves ya se está armando… entonces… la clave para el papel de galán es…hay que unir hermano…así… así ágiles… que tenemos? ...papel… blanco… liso… peinado… sábanas... cama… la cama es lisa… el peinado es brillante…bien… que más es brillante… Ariel en la cama lisa bien… Darío Ariel en la cama blanca lisa con buen peinado y actitud…bien…entonces… Don Edmundo en la cama blanca lisa con buen peinado y actitud… que más faltó? …brillante… eso… entonces…tenemos…Una brillante actitud es que Don Edmundo se acueste en la cama se cubra con sus sábanas blancas y cuide el buen peinado.
Si ves! El papel de galán reside en…reside en… en…dormir hermano en dormir… Por eso mejor me quedo. Buenas Noches.


Don Edmundo

miércoles, 4 de julio de 2007

Huelga

Carolina León(invitada especial)

La mañana en que las madrastras cansadas de tanta humillación decidimos unir fuerzas n una huelga de brazos caidos, los cuentos de hadas colapsaron unos entre otros en busca de una identidad perdida.

Por la convivencia diaria la venda de amor de los ojos de los príncipes se cayó, descubrieron uno a uno y de acuerdo al cuento que: Blanca Nieves era solamente una mujer hermosa que disfrutaba de la sospechosa compañía de siete enanos; la Bella durmiente sufría de depresiones severas que no le permitían levantarse por las mañanas hasta bien entrada la tarde y aquella que convirtió un sapo en príncipe había desarrollado un trastorno con matices zoofilicos, sin dejar de nombrar a Cenicienta cuyos hábitos de limpieza enfermaron a todas las criadas que atendían el palacio.


Despojados de dragones, embrujos y maldiciones, los días trascurrieron interminables hasta que buscando actividades de alto riesgo iniciaron guerras entre reinos que no les pertenecían.


Los grandes salones de baile perdieron el esplendor al dejar de reunir a toda la comarca pues los motivos para festejar se habían acabado. El día que el temor se alejo de sus vidas la felicidad del triunfo se fue con él.


Los sabios buscaron entonces nuevos antagonistas que pretendían reemplazar a la maldad encarnada en cuerpos de mujeres insatisfechas. Pero la maldad masculina que buscaba poder era menos manejable y mas peligrosa que las mujeres que solo buscaban un lugar y ese “algo” que sentían que les pertenecía.



Grandes manifestaciones, recolección de firmas y gente en las calles apoyando la petición de las madrastras, pero los reyes se comportaron de manera inflexible y quedó fuera de agenda la reivindicación tan añorada.


La situación se tornó imposible, la perfección rutinaria agrió los corazones aventureros e intentaron derrocar reyes para instalar nuevas jerarquías y poco a poco al desaparecer el mal, sin objetivo común el bien desarticuló a sus aliados en busca de causas nobles.


Los campesinos que querían adoptar princesas perdidas, al encontrarse con trámites burocráticos e interminables abandonaron sus tierras y salieron a la realidad cruel y despiadada buscando un destino mejor…


Las madrastras de los cuentos cansadas de tanta anarquía, nos reunimos para analizar las peticiones, no logramos comprender porque nos negaron los puntos, si eran peticiones concretas, bastante lógicas y justas:


Estamos cansadas de ser asesinadas cada noche para el regocijo de niñas que no saben valorar la importancia de conocer lo que se desea con todas las ansias.


Que si logramos manipular a reyes que se entregaron al desenfreno, fue por la debilidad de su carácter y por habilidades propias que deberían ser reconocidas cuando llega el tiempo del recuento de daños.


Que las caretas de frialdad esconden corazones grandes que necesitan amor…


Que no todo lo que se dice de nosotras es cierto, por lo que:


¡Las madrastras de los cuentos de hadas exigimos el derecho de la duda!

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© Miércoles de Ceniza, 2007. Sucre - Bolivia